Mariano Saravia
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Especialista en Política Internacional

Venezuela y el Muro de Berlín

agosto  2017 / 15 Comentarios desactivados en Venezuela y el Muro de Berlín

Si cae la Revolución Bolivariana sería equiparable a la caída del Muro de Berlín. Porque cambiaría nuevamente el orden mundial y la historia de la humanidad.
Entiendo perfectamente que el Régimen Neoliberal que gobierna la Argentina trabaje minuto a minuto y codo a codo con el Imperio en la caída de Venezuela. Entiendo que sus aliados políticos de la derecha continental también lo hagan, para tapar sus propias miserias, por ejemplo que hoy en la Argentina hay un régimen con desaparecidos (Santiago Maldonado) y con presos políticos (Milagro Sala). Entiendo que la derecha mediática mundial, encabezada por El País de Madrid y seguida vergonzosamente por Clarín y La Voz, también mientan descaradamente sobre lo que sucede en Venezuela. Lo que no entiendo es cómo algunas personas y sobre todo periodistas que se dicen progresistas estén inmersos en una búsqueda desesperada por encontrar una justificación para una especie de Teoría de los Dos Demonios. “La oposición venezolana es antidemocrática y golpista, pero Maduro también es un loco que reprime”, parece ser el lugar común que los ayuda a tranquilizar sus conciencias. Muestra no sólo de sus límites ideológicos, de formación política y de mirada estratégica, sino también muestra de vagancia, lisa y llanamente. Porque no hace falta gastar plata ni arriesgar la vida viajando a Venezuela. Basta sólo con tomarse la molestia de entrar en Internet a los medios de comunicación venezolanos, los más cercanos al chavismo, como el diario Ciudad Caracas, Telesur o La Radio del Sur, como los de la oposición, para ver cómo se dice de todo sin ninguna restricción. Incluso, para que vean cómo allá también se miente descaradamente y se trabaja por la desestabilización y el golpe blando, igual que lo hacían los medios hegemónicos de Argentina en el gobierno anterior. Les paso los links para facilitarles el trabajo: Globovisión (http://globovision.com/), El Universal (http://www.eluniversal.com/), El Nacional (http://www.el-nacional.com/) o Tal Cual (http://www.talcualdigital.com/), entre otros muchos. Si se toman el trabajo de entrar a cualquiera de esos sitios, verán que están haciendo el ridículo cuando dicen que en Venezuela no hay libertad de expresión, o que hay una dictadura. Además de ridículo, es una falta de respeto a las víctimas de todas las dictaduras que en Sudamérica impusieron verdaderos genocidios.
Lo cierto es que si llegara a caer el gobierno de Nicolás Maduro, caería la Revolución Bolivariana. Primera cosa importante a tener en cuenta.
Segundo, creo que no exagero si digo que una eventual caída de la Revolución Bolivariana sería comparable a la caída del Muro de Berlín, en lo simbólico y en lo político, y afectaría a toda la humanidad.
¿Por qué? Paso a desarrollar.
El historiador británico marxista Eric Hobsbawm hablaba del “siglo corto”, como aquel que iba desde el período de entreguerras hasta 1989. Y de hecho, ese fue un año bisagra para la humanidad.
En 1989 no sólo cayó el Muro de Berlín (por los errores del socialismo real y por muchas otras causas), sino que también ese año cayó la Revolución Sandinista en Nicaragua, y en muchos de nuestros países elegimos gobiernos neoliberales (Carlos Menem en Argentina, Collor de Melo en Brasil, Luis Alberto Lacalle en Uruguay, Carlos Salinas de Gortari en México, un poquito después en Perú con Alberto Fujimori). Y como receta y mandato para sus cadetes, el Imperio dictó el Consenso de Washington, un decálogo para las privatizaciones, la entrega de la soberanía y la destrucción del aparato productivo. Por si hiciera falta dejar claro algo, el Imperio invadió Panamá y dejó 3.000 muertos, como advertencia a los otros.
Sobrevino entonces una etapa de dominio absoluto del Imperio estadounidense y del neoliberalismo. Nos metieron con fórceps las teorías de Francis Fukuyama del fin de la historia y la muerte de las ideologías. Margareth Thatcher llegó a decir: “No hay alternativas, es capitalismo o capitalismo”.
¿Qué nos quedaba entonces a los ciudadanos comunes frente a la miseria y la entrega de nuestros países? Nada, sólo agachar la cabeza y recibir los palos, porque no había alternativa. Y eso sucedía no sólo en Argentina, sino en todo el mundo.
Hasta que sucedió algo impensado a fines de 1998. El comandante Hugo Chávez ganó las elecciones y asumió en 1999. A partir de ahí, algo cambió, no sólo para Venezuela sino para el mundo. Al principio estuvo solo en la región, con la sola compañía de Cuba, que se había mantenido estoica durante esa década de los ’90, resistiendo todo tipo de penurias ya sin el sostén del campo socialista.
Desde el primer momento, la Revolución Bolivariana empezó a cambiar a Venezuela, llevándole salud y educación a un pueblo que lo desconocía. Hasta ese momento, los venezolanos votaban con tarjetas de colores por el altísimo grado de analfabetismo.
Los cambios sociales fueron notorios y rápidos, pero la reacción oligárquica también fue contundente, con la ayuda de Estados Unidos y la Unión Europea. Pero Chávez aguantó, incluso el golpe de abril de 2002, y el lock out en Pedevesa, la empresa de petróleo que al paralizarse, desabasteció a todo el país.
Y ya en 2003 llegaron Lula y Néstor Kirchner, y en 2005 el Frente Amplio uruguayo y Michelle Bachelet, y en 2006 Evo, y en 2007 Rafael Correa, y en 2008 Fernando Lugo. Y entonces ese cambio de época que había iniciado en Venezuela hizo de Sudamérica la región que tomó la iniciativa para demostrarle al mundo que la historia no había terminado. Que sí había alternativas al neoliberalismo, incluso dentro del capitalismo, porque hasta hoy los objetivos finales del socialismo del siglo 21 están pendientes.
Durante todos estos años, en todos nuestros países se ha desatado un golpe continuo, con distintas características, pero con actores comunes: las oligarquías locales, el Imperio y los medios hegemónicos de prensa.
Han logrado volver a instalar regímenes neoliberales a través de golpes en Honduras, Paraguay y Brasil, y a través de elecciones en Argentina. Pero Venezuela sigue ahí, resistiendo a pesar de la guerra económica (igualita a la que le hicieron a Salvador Allende en 1973) y a pesar de la violencia asesina de la oposición.
Por supuesto que hay miles de errores en el gobierno de Maduro, como también los hubo en el de Chávez. Y en el de Cristina, y Lula, y Correa, y Evo.
Pero hay que tener claro dos cosas: con todos sus errores, esos gobiernos marcaban la realidad de que sí hay alternativas al neoliberalismo, y las críticas destructivas y el golpismo no son motivados por los errores de esos gobiernos, sino por sus aciertos y por sus avances sociales y políticos.
Entonces, llegamos a la conclusión de mi hipótesis expresada en el encabezado de esta nota, si cae la Revolución Bolivariana, será un equivalente a la caída del Muro de Berlín.
Vendrán los nuevos Fukujama a decirnos que la historia ha terminado y que las ideologías han muerto.
Vendrán los nuevos Margareth Thatcher a decirnos que no hay alternativa, es capitalismo o capitalismo. De hecho, ya nos lo dice cada día Mauricio Macri cuando nos habla de su “sinceramiento”. Si sólo está sincerando una situación, quiere decir que no hay alternativas a su ajuste perpétuo para el pueblo. Está haciendo “lo que hay que hacer”. Un aggiornamiento de la teoría del fin de la historia.
Por todo esto, es criminal mantener una posición de supuesta neutralidad con respecto a Venezuela. Porque simbólica y políticamente sería nefasto para la humanidad.
Al contrario, un progresista debería reconocer los errores que pueda tener el gobierno de Maduro pero apoyar la democracia y la institucionalidad para que se avance en el proyecto y se profundice la alternativa al neoliberalismo surgida desde Sudamérica.

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