Mariano Saravia
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Especialista en Política Internacional

Esta pandemia como una oportunidad para nosotros

abril  2020 / 9 Comentarios desactivados en Esta pandemia como una oportunidad para nosotros

En las grandes crisis, como por ejemplo una pandemia, generalmente los pueblos son los que más pierden.
Sin embargo, también pueden representar una oportunidad para poner en discusión el sistema establecido.

Nosotros vivimos en un sistema que viene funcionando con la sangre y la muerte de los pueblos. Yo pondría su inicio en el paso de la Edad Media a la Edad Moderna. Sobre todo a partir de los Reyes Católicos, cuando España se constituye como Estado Nación en base un proyecto genocida: expulsión de judíos, de árabes y colonización de América.

El esclavismo, durante tres siglos, lucró con la muerte y la sangre de más de 30 millones de africanos y junto con el genocidio de los pueblos originarios y el saqueo de América constituyó lo que Marx llamó “la acumulación originaria del capital”, que a su vez favoreció el paso a la Edad Contemporánea y la irrupción de la Revolución Industrial, el capitalismo y la democracia burguesa.

La muerte y la sangre de los pueblos continuó con los exterminios de pueblos originarios ya por parte de nuestros países independientes. Campaña del Desierto por ejemplo. Pero también por la explotación hasta la extenuación de los trabajadores o la represión, cuyo mayor símbolo es el de los Mártires de Chicago el 1º de mayo de 1886.

A principio del siglo 20 irrumpió el imperialismo, que Lenin llamó “etapa superior del capitalismo”. Acompañado de una maquinaria de lavado de cerebros materializada por los grandes medios de comunicación: primero la prensa escrita, luego la radio, luego el cine, luego la televisión, ahora internet y las redes sociales.

Esa embestida simbólica complementa el exterminio físico, porque nos hace creer que el sistema no es asesino sino que representa la libertad y la justicia de acuerdo al mérito. Nos imponen la meritocracia, el individualismo y la indiferencia social. Y no nos damos cuenta de que nosotros, las mayorías, somos las víctimas de ese sistema establecido que se disfraza de “normalidad”.

De vez en cuando, una gran crisis aparece: puede ser una catástrofe natural, o provocada, una crisis financiera, una guerra o una pandemia. En esas crisis los poderosos aprovechan para dar una vuelta más de tuerca y quitarnos más a las mayorías. Siempre pierden los mismos.
Pero en esta crisis actual por la pandemia del coronavirus, algo es diferente. Ya no son sólo los mismos de siempre los afectados. En una inundación siempre pierden los que viven en las zonas inundables, en un terremoto los que viven en casas precarias. En las pandemias, siempre se enfermaron y se murieron los mismos: los pobres.

Esta vez, por primera vez vemos que este virus ataca a todos: personas ricas y personas pobres. Países ricos y países pobres. Al punto que Nueva York hoy es el epicentro mundial de la pandemia.

La otra cosa distinta de esta crisis es que ha quedado mucho más claro que otras veces el carácter asesino de algunos poderosos. Boris Johnson, Donald Trump, Jair Bolsonaro, Sebastián Piñera, Mauricio Macri. Todos los que han privilegiado la economía por encima de la vida de las personas. Algunos lo siguen haciendo, como Bolsonaro. El mensaje es claro y concreto: que los trabajadores sigan su vida normal, que sigan yendo a trabajar para que el sistema continúe con sus ganadores y perdedores de siempre. Si en esa tarea, esa persona se enferma, mala suerte. Y si muere, también mala suerte. Lo importante es que no se frene la maquinaria de generar ricos y pobres.

Y como siempre, usan la maquinaria simbólica (medios de comunicación hegemónicos, redes sociales, etc) para que nosotros repitamos lo que ellos quieren: que hay que volver lo más rápido posible a la normalidad.
¿Qué normalidad? La normalidad de la esclavitud moderna, de la explotación hasta la muerte.

La normalidad de la destrucción de nuestro planeta. Hoy, en medio de la crisis parece que la normalidad es que hace sólo dos meses se quemó toda Australia, y que el año pasado se quemó el Amazonas, por la avaricia de las trasnacionales de agronegocios y la complicidad de los gobiernos.
Tenemos que abrir los ojos y ver que el problema es “la normalidad”.

El problema es que en pos de esa “normalidad” nos parece normal que la salud sea un negocio, que se hayan desmantelado los sistemas de salud y que el Estado se haya retirado de algo tan esencial para el ser humano. No sólo en Argentina y en Latinoamérica, también en Europa y en Estados Unidos. O sobre todo allí.

Si reflexionamos y nos damos cuenta de este engaño llamado “normalidad”, no querremos volver a ella. Nos daremos cuenta de que necesitamos ir hacia un sistema más humano y más natural. Más humano porque ponga en primer lugar la garantía de los derechos humanos más básicos como la salud, la alimentación y la vivienda. Y más natural porque tenemos que dejar de destruir la única Tierra que tenemos.

Por todo esto, esta crisis es también una oportunidad. Puede pasar como en las otras crisis y que sirva para que los poderosos, con el verso de volver a “la normalidad”, nos ajusten un poquito más las clavijas y nos roben un poco más, siempre a expensas de sangre y muerte de las mayorías.

O puede servir para que nos indignemos y actuemos en consecuencia, planteando la discusión profunda de qué tipo de normalidad queremos y necesitamos las inmensas mayorías del planeta. O los pueblos. O los y las trabajadoras, como quieras llamarles. Es decir, vos y yo, no los que ganaron siempre a costas de nosotros.

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